Sonrisas y lágrimas (de las buenas)
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Bonito espectáculo el que pudimos vivir y disfrutar los que nos desplazamos a Sabadell a ver la final de este torneo, último partido oficial de la temporada, en un ambiente con un sofocante calor en el pabellón del equipo vallesano.
El partido era un interesante reto entre nuestro equipo cadete y el brillante, poderoso y lleno de talento equipo infantil A de Sabadell, para mi gusto el mejor equipo infantil de Catalunya. Un equipo con casi todas las jugadoras de primer año pero con cuerpos, clase y madurez de segundo y más. Acaban de terminar segundas en el campeonato de Catalunya y quintas en el nacional de clubes y las expectativas sobre su futuro son grandes. Además estaban reforzadas por algún componente cadete de calidad.
Enfrente nuestro equipo, uno de los grandes en la categoría cadete, a decir de todos los que saben, y nosotros que lo hemos seguido y visto evolucionar, no podemos por menos de confirmarlo. Sin embargo, cómo estaría nuestro equipo era una incógnita a despejar pues estaban recién llegadas del nacional de clubes, donde la posición final lograda no acababa de satisfacer nuestras expectativas y deseos, y apenas sin entrenar ni recuperar.
¿Lograrían las de Sabadell dar la sorpresa, aprovechando la coyuntura?
Enseguida comprobamos que no: el partido casi fue un monólogo de nuestro equipo, con un conato de discusión en el segundo set cuando un exceso de confianza y relajación permitió al equipo de Sabadell tomar una ventaja notable que sin embargo no supieron aprovechar. El partido se concluyó con un 3-0 claro y contundente, sin opción a ningún debate. La veteranía y la superioridad técnica de nuestro equipo no ofrecieron apenas dudas. Fue bonito cómo se celebraron los puntos y las jugadas de todas ellas; mención especial para los precisos y ajustados puntos de saque continuados de Laia.
La evolución del marcador y su inexorabilidad permitieron mostrar a todos los presentes, también a los vallesanos, la otra superioridad, la de la afición de este equipo nuestro. Siempre animosa y con ganas de diversión, atenta siempre a la situación del equipo y en diálogo continuo con las chicas, con cánticos, consignas y coros. El ambiente creado fue precioso y divertido, todos cantando, coreando y disfrutando. Felicidades a todas las familias y amigos por el ambiente que crean (y envidia que me dan, aunque nosotros siempre que podemos nos apuntamos).
Y al final, éxtasis de sensaciones encontradas entre las chicas: alegría por la victoria (no por esperada y esperable menos apreciada) y llanto emocionado por la percepción de que el año acababa, por el inolvidable cúmulo de experiencias y momentos que han vivido juntas, por la entrañable amistad que se aprecia entre ellas, por cómo han sabido crear grupo e integrar a las incorporaciones y por la sensación de final de ciclo. El año que viene, ley de vida, sus caminos se separan. Unas suben al juvenil, otras se quedan. Quién sabe si volverán a encontrarse algún día, pero tal vez en otras circunstancias.
Suerte para todas chicas, en vuestros respectivos caminos. Os la merecéis, por vuestro talento, por vuestra alegría y animosidad contagiosa (cómo nos habéis animado a veces a otros equipos del club más necesitados!) y por la sana y vivificante ilusión que nos transmitís a todos nosotros, vuestros seguidores.
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